Es como habernos desnudado la piel. Quedarnos con los nervios expuestos al aire, sentimos un dolor inubicable. Todo araña. Todo es frío o ardiente. Un prólogo de un libro puede cambiarnos la vida y unas hojas cayendo empujadas por el viento, nos convierten en aquel samurai abocado a la muerte. Paralizadas por la belleza.
Lloramos sin que al llorar surja consuelo.
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